Friday, December 09, 2016

ESTRATEGIAS DEL DESENCANTO / III

Hartazgos del número. El agotamiento de lo masculino o la civilización de las cantidades. El gigantismo del número representa un proceso patológico cuyo contrario es la reducción drástica, la poderosa pequeñez. En uno de sus indestructibles aforismos Kafka escribió al respecto: “Dos posibilidades: hacerse infinitamente pequeño o serlo. Lo segundo es perfección, por tanto inactividad; lo primero, comienzo, por lo tanto acción”. Esta orientación radical es un extremo y quizá en ellos es donde está la resistencia personal profunda en esta hora llena de muertes de quienes encarnaron la historia de generaciones, caracterizada además por el estallamiento de los discursos tolerantes y racionales del pasado inmediato, por la evaporación de las certezas existenciales y los valores morales de la utopía democrática, por la violencia indiscriminada y la crispante inseguridad. En estos días vuelve a citarse con ansiedad el célebre “todo lo sólido se desvanece en el aire” del Manifiesto comunista, como si fuera un conjunto o una mantra protector ante la erosión vertiginosa que presentan las cosas. Gracias, no queremos. Al contra-canto del momento, a la divisa compulsiva de la actual sociedad del rendimiento-definida por la violencia de la positividad, del consenso único que conduce al agotamiento de la sobreabundancia, la sobreproducción, la sobrecomunicación (Byung-Chul-Han)-, al plural afirmativo individual y de las masías: “Yes, we can”, debe oponérsele el concepto de “revolución necesaria” de Jacques Ellul, la rebelión moral imperativa que sugiere ante la sociedad actual. No hay garantía de que tendrá éxito, de ahí que la rebelión contenga un valor humano determinante: aquel heroico no te sientas esclavo ni aún esclavo, no te des por vencido ni aún vencido. Ese fue el sino clásico y ahora parece ser la obligación de quien quiera sobrevivir, así sea derrotado-una consecuencia, por lo demás, secundaria. La lucha consiste en combatir, con toda la fuerza personal y colectiva posible, esta ideología que se apodera de nuestra mentes: el consumismo hedonista, el individualismo aislante, la obsesiva e inútil búsqueda del principio del placer, la felicidad y el bienestar a toda costa. “¿Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo”, escribió Rilke. Jacques Ellul utiliza malas palabras para exponer su método: habla de una ascensis (purga, restricción, rechazo, purificación) necesaria para que la persona logre curarse de la disciplina de masas que la afecta e infecta, menciona un fortalecimiento de la conciencia individual, una capacidad creciente para decir no. Así concibe la creación de nuevos valores civilizacionales a partir del regreso al punto de partida, de un volver a comenzar. Sobre lo posible. La paleopolítica es el arte de lo posible en pequeñas proporciones, el arte de mantenerse pequeño por amor a la vida. Es lo contrario a la megalomanía antropocéntrica del hombre como medida de todas las cosas. Ha llegado a su fin una filosofía que durante más de dos mil años impuso un principio de exclusión, un elemento diferenciador propio de la actitud masculina, del orden jerárquico, autoritario y vertical. El hecho de que aparezca ahora un siniestro payaso histórico que impúdicamente ha terminado y culturalmente debiera desaparecer, quizá nos haga saber que no hay garantías de nada y que las circunstancias geopolíticas afectarán el contexto externo de los individuos y su propio interior. Afectarán los tres tiempo del mundo: el público, el privado y el secreto. Será una conmoción. Lo consistente. “Tu mismo eres la tarea” , afirma Kafka. No debe creerse que el cambio o la templanza podrán provenir del mismo sistema de pensamiento que ha causado tanta violencia y destrucción. Es el mismo problema del ingeniero que debe cambiar las vías sin impedir el paso de los trenes. El sistema actual se basa en el crecimiento progresivo, ilimitado e infinito, y el liberalismo parece ser su etapa final. Las casas de apuestas conceptuales aseguran que estamos muy cerca del fin de la modernidad como categoría sociológica, histórica y filosófica, como sistema mundo ejemplar. Lo que parece obvio: un orden antropológico se derrumba, el nuevo todavía no se construye y proliferan los fenómenos morbosos, la ausencia de fundamentos, la falta de certeza, la oscuridad. Y también su inverso complementario: en el máximo peligro está la salvación. Fernando Solana Olivares

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