Friday, November 23, 2018

ESTE LABERINTO DE CRISTAL

El poder representa, escribió Carl Schmitt, una magnitud objetiva con leyes propias. De tanto en tanto los hombres pueden apoderarse de ella y dirigirla. A continuación los devora. Sobre la noción de poder no hay un acuerdo teórico: es un fenómeno obvio y visible, pero esencialmente oscuro, secreto, mientras más poderoso es más sigiloso. Y fascinante también. Este laberinto de cristal. Aproximaciones al poder (Rayuela Diseño Editorial, 2018) intenta ser una suerte de constancia de ello escrita en un género híbrido construido con varios puntos de vista narrativos: una crónica, unas instantáneas, varios cuentos y estampas, un diario de marzo de 1994, dos piezas teatrales breves, un ensayo, unos apuntes reservados. La crónica se originó en la cobertura periodística de una gira presidencial del presidente Carlos Salinas de Gortari a Europa en septiembre de 1993, cuando estaba en el punto más alto y a la vez declinante de su poder semanas antes de decidir la sucesión presidencial. Tres meses después ocurriría la catástrofe y sobrevendría el estupor: un sorprendente alzamiento zapatista que abollaba irreparablemente la corona de la modernización neoliberal recién iniciada, y el magnicidio de Colosio, un crimen de Estado perpetrado desde el poder cuya sangre shakespeariana caería encima del presidente. “Mientras cena asado de reno acompañado de papas y verduras y un helado de chocolate con naranja agridulce en un edificio de la plaza sueca donde corre el río Melaren encajonado entre riberas de piedra ---se escribiría después, en “Instantáneas de un mal tipo”---, Salinas propone un brindis por el éxito de su gobierno. Más tarde se negará a explorar la pregunta de otro comensal: ¿cuáles han sido sus dudas centrales, las zonas más frágiles, no calculadas, de su régimen? No sabría decirle, contestará con una carcajada que todos los invitados harán suya. Detrás de él un hombre no se ríe. Nunca lo hace, nunca habla y siempre lo acompaña. La pregunta debió dirigírsele: es el torvo visir, el espejo oscuro, la sombra. Ha testificado el gesto imperceptible y la desnuda intimidad. El drama ya está en curso. Tres pescadores ciegos aguardan a la orilla del helado fiordo del Mar del Norte. El coro griego canta el sacrificio”. “Diario de marzo de 1994” consigna lo siguiente: “Viernes 25. Del espanto sigue la rabia. Una multitud airada acorrala e increpa al presidente Salinas durante el homenaje en el PRI al candidato asesinado. Echeverría, el expresidente, sale del sótano para clamar justicia. ¿Indignación o coartada? A saber, como de tantos otros: una clase política formada en el silencio y el engaño, recursos de su oficio. Hay otro muerto, es Camacho. Los dolientes del pueblo le arrojan en la cara el epíteto: asesino. ‘Crimen de la oligarquía, ejecución por mandato’, afirma Muñoz Ledo. Los deudos del sistema ponen su rostro más compungido, ¿a cuál le apena, a cuál le asusta, a cuál le complace? Unas líneas escritas por José Francisco Ruiz Massieu conmueven: ‘Pobre Donaldo, pobre de mí, pobres de nosotros’, pero no son para todos. ‘¿Quién fue?, ¿quién fue?’, vociferan enardecidos priistas ante Carlos Salinas, que esconde lo que sabe, lo que siente, en un rictus mudo e inexpresivo: lo intocable del poder. […]”. Salinas no tomó lecciones de abismo. Su paso repentino del arrogante control del poder y la tecnocrática estabilidad, de la seducción y cooptación de los otros al descontrol de lo inesperado (“El rey va desnudo. Albricias por la modernidad”), todo ello tiene un hálito de tragedia política en la cual él es el villano central, aún con los matices analíticos que se quiera. Otra anotación del libro afirma: “La muerte deja su estela mientras un vapor exacto cruza la bahía. El mar de ahogados no muestra ningún cadáver, pero una lancha fúnebre con su dolida carga pasa en dirección contraria a este barquito centenario. Salinas va a bordo y el capitán del fiordo escandinavo lleva el timón pleno de orgullo. ¿Cómo saber esa tarde que ya estaba en curso la gran novela posmoderna de las letras nacionales? Sólo que azules como acero y ligeras las ondas del mar lo dijeran”. El poder es un corruptor y sus ascetas son tan pocos que no existen. Allen Ginsberg vio mentes de su generación destruidas por la droga. En Este laberinto aparece una variante intertextual: mentes destruidas por el poder, por su fascinación y proximidad: “Fausto en la Condesa”, pequeña obra escénica sobre aquellos que Gramsci llamó intelectuales orgánicos y la prensa obrera del diecinueve sacerdotes comprados, una sujeción fomentada por Salinas y aceptada servil, interesadamente por quienes podrían haber cumplido un papel crítico resistente a su régimen. El poder embauca a cualquiera y la captura de inteligencias que racionalicen sus decisiones resulta parte de su misma acción. Veinticinco años después de tales momentos la larga y oscura sombra del salinismo parece estar llegando a su fin. Ciertas cuentas narrativas comienzan a surgir. Este laberinto de cristal se aproxima al poder y sus manifestaciones, materia de una historia inmediata que se vuelve literatura realista. O a eso intenta llegar. Fernando Solana Olivares

Friday, November 16, 2018

NUESTROS ÉXODOS

No nos quedan más comienzos, escribió George Steiner hace más de una década. La cultura como referencia común se desmorona y la civilización imaginada quinientos años atrás por el humanismo renacentista parece llegar sin remedio a su fin. Ahora es el periodo donde un orden se esfuma y el nuevo no surge aún (aunque a veces se muestre con señales ominosas, depresivas y preocupantes). En medio de ello, en este intervalo histórico dominado por la incertidumbre, suceden fenómenos atroces. Los éxodos planetarios de masas dolientes expulsadas de sus países de origen por guerras, por violencia del estado o de fuerzas opresivas como los grupos criminales, por el horror económico neoliberal contra las mayorías o por el calentamiento global, son uno de los dantescos y dramáticos escenarios del final de algo: una época, un ciclo, una ilusión. Hay muchas formas de hacer la cuenta humana del tiempo transcurrido. El período Juliano cumplirá 6, 732 años, la era judía 5,780 y la bizantina 7, 528. El pensamiento hindú habla de cuatro etapas de 6,000 años cada una que componen un ciclo entero de mundo que termina y en el último instante vuelve a empezar. Sus cálculos indican que hemos llegado al término de la última de ellas, kali yuga. Los recuentos lineales judeocristianos del tiempo también esperan la llegada de un mesías que clausurará la secuencia temporal. La libertad, la igualdad y la fraternidad han dejado de ser valores referenciales. Hoy se multiplican las fuerzas políticas, los medios de persuasión y las mentalidades colectivas de derecha que se pronuncian contra los derechos humanos enarbolados por la Revolución francesa, difundidos por la Galaxia Gutenberg y desarrollados por la Ilustración europea. Todos los que tienen que ver con la otredad, la alteridad, la relación con los otros, la pertenencia común. Octavio Paz se equivocó hermosamente al decir: “para poder ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia”. Estos días extraños se trata radicalmente de lo contrario: cerrar el paso, rechazar, declararse ajeno, odiar a los otros, aquellos quienes imaginariamente comprometen nuestra existencia. El infierno son los otros, sentencia Sartre. También erró el filósofo Kant cuando en La paz perpetua opinó que nadie tiene “más derecho que otro a estar en un lugar de la Tierra”. Byung-Chul Han explica que esa paz perpetua alcanza su punto culminante con la exigencia de una “hospitalidad” sin condiciones, no como una noción utópica, inalcanzable e ideal, sino como una idea vinculante, obligatoria para la razón. Otra noción quizá llamada a equivocarse es aquella donde el pensador explica que el filósofo alemán que salía a dar un paseo cronométrico todas las tardes entendía la hospitalidad como la máxima expresión de una razón universal que ha tomado conciencia de sí misma. La hospitalidad significa ser afable y caritativo con los huéspedes. ¿Queda claro lo que se quiere decir? Estas ideas se proponían en clase hace unos días. El maestro enfatizaba la característica de la equivocación para provocar en los lectores y a la vez oyentes alguna respuesta. La materia se impartía en un semicírculo de participantes mientras se iban leyendo algunos capítulos de La expulsión de lo distinto del pensador coreano alemán. Se trataba de aplicar reglas de interpretación para el texto considerando tres niveles: lo que dice, lo que contiene como enigma, lo que simboliza. La caravana centroamericana migrante servía como un tema de referencia, penoso y contrario a lo que se leía, aunque poco y contradictoriamente registrado por las en su mayoría alumnas que componían aquel círculo hermenéutico, un círculo de comprensión en grupo. ---Me encantó aquella parte donde el autor escribe, en cursivas, que amabilidad significa libertad ---comentó una chica de vivaz mirada. ---A mí, que la hospitalidad promete reconciliación y que estéticamente se manifiesta como belleza. La política de lo bello es la política de la hospitalidad ---completó otra, rápida y nerviosa. ---Yo creo que está bien que vengan en caravana y protegiéndose entre ellos, eso es cambiar las reglas del juego ---opinó alguno de los escasos chicos del salón. ---La televisión informó que en esa muchedumbre se esconden criminales y tratantes de blancas. O sea, que son un engaño y un riesgo para nosotros. Deben regresar a su país ---afirmó tajante una jovencita. La clase agonizó con dos imágenes que el maestro llamó dramáticamente complementarias: a) Trump en la frontera con México cual un inspirado Nerón tocando la lira y clamando que el alambre de púas es un hermoso espectáculo de protección; b) un humilde habitante de Ciudad Isla en Veracruz que llega al albergue donde descansa la caravana con un montoncito de ropa para donar. “No importa”, declara al reportero que le pregunta si fue difícil desprenderse de sus escasos bienes, “de por sí ya somos pobres”. El maestro pensó que la oscura desbandada de los alumnos clausuraba una época terminal. Jaló el picaporte de la puerta y cerró el salón. Fernando Solana Olivares

Friday, November 09, 2018

6 MIL 420 MENTIRAS

Enseñan los diccionarios filosóficos que el concepto sobre la verdad más antiguo y difundido en nuestra civilización judeocristiana es el que la define como correspondencia o relación. La frase platónica al respecto es indubitable: “Verdadero es el discurso que dice las cosas como son, falso el que las dice como no son”. También lo es aquella sentencia aristotélica que se repetía en clase de lógica: “Negar lo que es y afirmar lo que no es, es lo falso; afirmar lo que es y negar lo que no es, es lo verdadero”. La verdad se entiende, además, como revelación, como conformidad a una regla o precepto, como coherencia y como utilidad. Nietzsche lo decía así: “Verdadero no significa en general sino lo apto para la conservación de la humanidad”. Su ser se colapsaba cuando establecía una relación arbitraria e ilegítima con las cosas externas. Una relación falsificada o mentirosa. El conteo del Washington Post ha registrado 6 mil 420 declaraciones falsas hechas por Donald Trump en 650 días. La prensa reporta que ha subido su promedio de cinco mentiras diarias a treinta en las recientes semanas de campaña electoral. A pesar de su bajo índice aprobatorio (41.9%), lo verdaderamente alarmante, como señala David Brooks (La Jornada), es que la oposición a Trump no sea mucho mayor a la que existe. Y que el escándalo por su orwellesca patología mentirosa ---la forma más atroz de gobierno---no provoque un clamor monumental. La realidad, que se reconoce a través de la verdad y no de la mentira, está hecha por elementos inagotables y complejos, compuestos de muchas cosas, de causas y efectos inabarcables para nosotros. No es azar entonces sino causalidad superior que el libro más vendido en Estados Unidos desde la llegada de Trump a la Casa Blanca sea 1984 de Georges Orwell porque esa es la función de la literatura: anticipar y reflejar los tiempos. Dicha distopía literaria ---una de las tres grandes del siglo veinte, junto con Nosotros de Yevgeni Zamiatin y Un mundo feliz de Aldous Huxley--- es una obra política sobre la corrupción del lenguaje por parte del poder autoritario, el descaro de la mentira y la demencia de su lógica sicótica: el doblepensar (doublethink) y la neolengua (newspeak) son los instrumentos, las palabras talismánicas de la poderosa e inquietante novela de anticipación escrita en medio del pesimismo histórico de 1947 y cabalmente sucedida ahora setenta años después. Orwell concibe un aterrador espacio, Oceanía, en el cual el poder político mantiene artificialmente las desigualdades y la pobreza para legitimarse y justificar la omnipotencia y la omnipresencia del Gran Hermano. Es un mundo paradójico gobernado por ministerios que hacen lo contrario a su denominación: de la Verdad (dedicado a la falsificación de registros históricos), de la Paz (dedicado a la guerra), del Amor (dedicado a la vigilancia policiaca) y de la Abundancia (dedicado a administrar la desigualdad). El doblepensar y la neolengua han pasado acríticamente al lenguaje común y a la aceptación colectiva de la realidad actual. Orwell es parte del entendimiento crítico que nuestra cultura tiene de sí misma, según los lingüistas Hodge y Fowler, quienes analizan las consecuencias del proceso de fingimiento y manipulación del régimen oceánico para controlar la realidad (reality control). La neolengua elimina los complejos de ideas y conceptos integrales del lenguaje y los reemplaza con una simplificación, una reducción de las palabras que describen los fenómenos, reduciendo así la capacidad de comprenderlos. Una de las 6 mil 420 mentiras de Trump más recientes ha sido describir al éxodo hondureño como una violenta invasión al imperio, cuyas piedras lanzadas contra su ejército serán asumidas como proyectiles. Estados Unidos es responsable directo de la violencia hondureña que expulsa a decenas de miles. Así se cumple el axioma del doblepensar de 1984: el engaño sistemático a la sociedad por los gobernantes, que a su vez exige el autoengaño de la gente, la voluntad de alimentar convicciones que se saben falsas. Una clase de esquizofrenia personal y social inducida por el sistema, solapada por todos y asimismo negada. Todo acto cognitivo ---el proceso por el cual se percibe el mundo y uno se relaciona con él--- es un acto de lenguaje. La mentira, la posverdad, las fake news son sus corrupciones. La degradación de lo real comienza ahí. Extraño y amargo momento político éste donde las evidencias, el pensamiento fundado del a posteriori, los actos de designación correcta que hace el lenguaje se han evaporado. El autoritarismo es un error gramatical mentiroso, radicalmente contrario a la gramática de la verdad que buscó Spinoza: definir rigurosamente las palabras y relacionarlas en proposiciones consecuentes. Hubo una semántica adánica, una coincidencia total entre palabra y objeto antes de la Caída y la maldición de Babel. Estuvimos buscándola hasta parecer perderla irremediablemente ahora a manos de siniestros e impúdicos payasos de neolengua corrompida, de doblepensar y mentiras contumaces. La cura siempre estará donde ha estado: en el mismo lenguaje. Enfermamos por él, nos curaremos por él.

Friday, November 02, 2018

LUNA ROJA

A cada quien suelen aquejarlo sus propias incapacidades. Entre tantas de las mías, yo no sé venderme o me vendo mal. Nunca comprendí la tonta frase de un escritor que ampulosamente hablaba de sí mismo como de una marca a explotar. No me imagino a un Balzac diciendo semejantes insensateces. Por eso me parece aberrante el “concepto” marca-país. A pesar de eso, romántico y anacrónico, los juegos del intercambio, o séase del comercio, marcan la pauta de toda la cruda realidad (hay otras realidades, son interiores y exteriores, aunque ello no venga ahora a colación). Y como el que no enseña no vende, debo enseñar. Elogio (promoción) en boca propia es vituperio ajeno, dice la vieja sabiduría, pero qué se le va a hacer. Apareció apenas Luna roja. Horizontes y ensayos, una hermosa y casi perfecta edición de El Tapiz del Unicornio, pequeña editorial de calidad que empieza a consolidarse en el mercado literario mexicano, cumpliendo una tarea heroica y culturalmente vital. Una misión anti barbarie, políticamente necesaria para sobrevivir. Mercado: mala palabra, hay que vender. En su primer catálogo, Balthus pidió que solamente pusieran en él su nombre y un dato curricular: pintor. Los escritores igual somos una especie extraña y desdichada. A mí, por ejemplo, me saca de quicio encontrarme en el texto comas y signos de puntuación que yo no puse. Los compulsivos correctores ansían meterse a la escritura ajena, así esté bien escrita. Si no lo hacen, no son. Y uno se perturba: irritantes síquicos del oficio de la escritura o una pasión desdichada que ella misma provoca. Todos estamos en lucha con el lenguaje. Luna roja. Horizontes y ensayos reúne diversos textos en un género que Alfonso Reyes llamó miscelánea y Salvador Elizondo bautizó como estanquillo. Es una suma de fragmentos que componen una visión de época, un panorama. La teoría dice que mirar es rodear un objeto desde diversos puntos de vista. Así que está dividido en cinco partes, cinco aproximaciones o perspectivas: Registro de resistencias; Museo de máscaras; Apuntes desde Rulfiana; Los libros, las palabras, las transfiguraciones; y Piezas sueltas. En la primera se agrupan reflexiones sobre la época, tentativas para nombrar lo que pasa, utilizando desde Rulfo hasta Tolstoi y pasando por la ecocrítica; en la segunda hay retratos en escorzo, trazos de personajes y sus circunstancias, contextos, anécdotas; la tercera parte concentra narraciones que alcanzan un tono de parodia, de cierta exageración o ironía como recurso que intenta lograr efectos literarios, textuales; la cuarta es un ensayo sobre la fascinación del lenguaje, de la lectura y las palabras, la materia que nos hace ser seres humanos; el quinto se compone de momentos y fragmentos: son los horizontes a los que alude el subtítulo. Es escritura, una reunión de la forma y el fondo, o eso pretende alcanzar. ¿Cómo definir Luna roja? No lo sé. En clase de literatura me da por debatir las teorías literarias ---se llaman ideologías de la sospecha--- como el marxismo y el psicoanálisis, que afirman conocer sobre las pulsiones y el sentido de la obra mucho más de lo que al respecto logra saber el mismo autor. Son los usuales desplazamientos del significado en esta época posmo: no la obra sino la crítica, no el cuadro sino el curador. No importa lo primero sino lo secundario: los intermediarios ancilares que sin el hecho estético no tendrían razón de ser. Karl Kraus, el ácido, advirtió que la época confundiría las urnas con los urinales. Los críticos utilizan categorías y métodos como herramientas para desmenuzar estructuras dentro de la obra, pero no logran entender la sustancia de lo que desmenuzan, el mágico misterio de las palabras encadenadas, del “había una vez” aun siendo ensayo, porque el ensayo es solamente otra manera de contar algo, de describirlo y decir. Los críticos aman sus herramientas más que a las obras de la literatura. El lector podrá definir este libro. O aún resolver no hacerlo, pues no es de necesidad forzosa ponerle nombre a todo. Acaso pensar en un género híbrido, de frontera, que mezcla contenidos y modos de enunciarlos. El contenido alcanza otros significados cuando cambia la forma de su expresión. “Para nosotros sólo cuenta el intento. Lo demás no es asunto nuestro”, escribió T. S. Eliot. El intento de Luna roja radica en alcanzar una literatura de la pronunciación clara que desata los nudos y representa lo opuesto del oscuro murmullo que anuda o aprisiona, de ese decir que no dice nada. Los escritores somos mendigos desdeñosos y tal soberbia (un mero mecanismo de protección) hizo promulgar a Ezra Pound la legendaria regla de que no debiera de hacerse caso de la opinión de quien no haya realizado algo cuando menos equivalente a lo que enjuicia. La opinión del lector será indescifrable porque el autor casi nunca la conocerá. Publicar un libro es como lanzar una botella al mar con un mensaje: que sea comprado. Y que las deidades de la rentabilidad capitalista en su obsesión por lo nuevo no saquen de circulación Luna roja a poco de aparecer en librerías. Que flote hasta llegar a las manos de quien deba llegar. Fernando Solana Olivares

Friday, October 26, 2018

UN RETRATO Y UN EPÍLOGO

Un retrato. “Señora, huya. Está perdida”. Eso le dijo un militar amistoso a la escritora Elena Garro cuando la buscó para declararle su admiración por las valientes declaraciones que sobre los verdaderos responsables del movimiento estudiantil de 1968 había hecho. A ella la señaló en sus declaraciones ministeriales después de ser detenido el líder del CNH Sócrates Amado Campos Lemus: alguien detrás de los sucesos junto con el político priista Carlos Madrazo. El propósito oculto sería derrocar al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Era informante del gobierno federal y a su vez estaba vigilada por otros informantes. Años atrás misteriosamente sostuvo una larga conversación con quien sería señalado como el asesino de Kennedy, Lee Harvey Oswald. Ya había culpado a los intelectuales y catedráticos de izquierda de lanzar a los estudiantes a una “loca aventura” que costaría las vidas y el dolor de tantos. Después negaría haberlo dicho, pero entonces, al defenderse de los señalamientos de Campos Lemus, los diarios le atribuyeron la acusación de escritores y artistas entre los que estaba su propio ex marido, Octavio Paz, además de José Revueltas, Rosario Castellanos, Leonora Carrington, Heberto Castillo y Carlos Monsiváis, como responsables e instigadores ocultos del movimiento. Ella y su hija Helena se sentían perseguidas y contagiaban esa inquietud a los pocos que las iban ayudando durante la huida, en su pobreza y dificultades posteriores, estigmatizadas las dos como traidoras al movimiento estudiantil con una leyenda negra a cuestas, llenas de gatos, de paranoias, de deudas y solicitudes de auxilio, de manías, de enfermedades y abandono personal. La notable narradora y antes bella amante de Bioy Casares, quien la llamó “la más feliz aventura de la creación”, hoy era una vieja trastornada que acusaba a Pancho, el anciano y casi inmóvil portero del edificio donde vivían gracias a la ayuda de una pareja amiga, de ser espía del gobierno. Estaban muy solas, la hija muy enferma y la madre no dejaba de fumar consumida por la ansiedad. Años antes Borges le había escrito una nostálgica línea: “Elena: no conocida y ya extrañada”. José Bergamín otra de gran levedad: “arte de birlibirloque, pajarita de papel”. Sólo momentos olvidados. Ahora el mundo se mostraba peligroso y hostil. Un epílogo. El joven estudiante fue directo en clase, como solía serlo: “Decir que el 2 de octubre no se olvida es cancerígeno. Un recuerdo cancerígeno”. El maestro lo contradijo íntimamente alarmado y explicó con largueza por qué el 68 era una fecha referencial. Abundó en su carácter universitario y juvenil, en su dimensión sacrificial, en su valiente heroísmo épico. Contó su propio anecdotario con un cierto aire nostálgico y a veces lírico, pero siguió sintiendo la distancia indiferente del estudiante y acaso del grupo todo. Habló del Mayo francés, citó lemas como “Prohibido prohibir” y “Debajo de los adoquines están las playas”. Mencionó a Henri Lefebvre y los situacionistas, la Primavera de Praga, la guerra de Vietnam, el asesinato de Robert Kennedy, de Martin Luther King. Mentó el movimiento jipi, la contracultura, el inconformismo, el ácido lisérgico y el rock. Dijo de las largas tradiciones de resistencia e insurrección históricas. Llegó hasta Rimbaud y la Comuna parisina del siglo diecinueve. Volvió al país y al autoritarismo priista del partido único, a las asfixias democráticas y a la represión de los movimientos populares. Se refirió al haber abierto brecha en un sistema cerrado para alcanzar cincuenta años después libertades públicas, imperfectamente democráticas, sí, pero hasta ahora en proceso de construcción. Remató con la función de la memoria como identidad humana, el recuerdo de los muertos inolvidables que nos vinculan con el pasado, enfatizó el partido de la memoria contra el del neoliberal olvido como única alternativa humana de continuidad. La clase terminó y el maestro quedó convencido de que no había podido convencer al joven despreciante. Y quién sabe a cuántos más tampoco. Eran adanes increados y flotantes en el vacío de sí mismos y sus puntos de vista, sin vínculo con el apenas ayer. Una coda. La manifestación que conmemoró los cincuenta años de la Marcha del Silencio no paró de gritar consignas. Su resonancia fue mucho menor que la de entonces. El silencio colectivo o la ascesis del lenguaje siguen siendo más poderosos que cualquier proclamación. Fernando Solana Olivares

Friday, October 19, 2018

CASA MEDUSA

Bulle la colmena. La plaza del pueblo tiene un aire parroquial dado su tamaño, es humanamente chiquita. Se trata de presentar Casa Medusa, una novela, cuando suenan las campanadas de las doce y el día, en su vértice, concluye la primera parte y anuncia el comienzo de la que seguirá. Los tañidos son apostólicos y las cosas adquieren brevemente una sosegada dignidad. Virtud de los pequeños formatos. Los presentadores no llegan: uno dijo que no le dijeron que le dirían que él al final no iba ---o sí iba, da igual--- a participar. El otro ---por razones ajenas a este asunto, pero más interesantes--- quizá decidió huir para escapar a una justificada cacería que comienza a organizarse en su contra. Y el tercero calculó, astuta y maleducadamente, que tres incluido el autor ya eran muchos a la mesa y decidió no llegar. Fatalidad trascendente: siempre van los que van, y los que no, no van. El auditorio está compuesto de más de una treintena de alumnos de letras, un puñado de interesados en el autor, más los desocupados que matan el tiempo en las bancas de fierro en la plaza y los dos o tres boleros que trabajan por allí. El autor comienza a hablar con despreocupada ligereza: un flotamiento de las palabras, como si sólo el lenguaje guiara su decir. Antes que hablar del libro, mejor cuenta la historia de una deuda que está pagando con esta novela luego de treinta y siete años. Para darse a entender entre el público asistente, lee la dedicatoria: “A Juan Rulfo, el inagotable”. El autor recuerda su relación con el maestro en el Centro Mexicano de Escritores. Dice que lo que ahora es una novela entonces fue un original en treinta cuartillas de nombre Fundación de la memoria, seleccionada por el escritor para tutelarla literariamente durante el año de duración de la beca, el último durante el cual fue tutor luego de décadas de formar escritores, casi toda la república de las letras que pasó por ahí. Menciona brevemente cómo era el maestro Juan Lacónico Rulfo ante sus aprendices: directo, implacable, inconcesivo. Aludirá a otros autores mayores y a sus ideas: la novela es un yoga, un camino; sus retribuciones son de cariz casi religioso (religión: religar) y espiritual; a veces logra un cambio en la mente y el corazón de quien la escribe y, cuando los dioses de la literatura intervienen, también en la mente y el corazón de quien la lee. No lo dirá, pero lo pensará y esta vez lo dice, que la isla del presente en la que vive, la isla eterna de Alastair Reid, el país que habita, el de la escritura, es el reino del lenguaje. Como no se contó en la presentación, ahora se transcribe la cuarta de forros del libro. Cuatro anillos narrativos componen Casa medusa, novela de tiempos múltiples: un narrador omnisciente que cuenta las peripecias en tercera persona; un hombre que emigra y tiene acceso a su destino contemplando todo aquello que después vivirá; el nieto de éste último, quien relatará la vida de su abuelo como si él mismo la hubiera vivido; y un cronista delirante dueño del espacio público que interviene en la historia común testificándola, a la manera de un amanuense fantástico que juega con ella. El profuso escenario donde la obra transcurre es la ciudad de Oaxaca, que se vuelve un personaje al lado de tantos otros como el escritor D. H. Lawrence, imaginado durante su estadía ahí, entre una trama de luchas de poder maritales y políticas, de líderes carismáticos, amores truncos, herencias y primogenituras rotas, de idilios familiares evaporados y ambiciones incumplidas. La épica dramática y universal de la condición humana. Escrita como un tejido hipnótico en capítulos breves, Casa Medusa consigue hacer del lenguaje aquel instrumento de supraverdad que el arte busca. En ello radican su revelación y su logro: literatura hecha de historias que se cuentan bien. La última frase puede ser un hipérbaton elogioso del autor, al modo de los que Cervantes tuvo que hacer para sí mismo en sus libros solicitando el viático de la lectura, prometiendo a cambio literatura y artes antiguos, aquello de trazar una dimensión imaginada que duplica y modifica las cosas, les da profundidad. Cuando el evento terminó, las serenantes campanas que tañeron al mediodía habían dejado lo que un poeta llamó el acorde, esas circunstancias bien acomodadas que suceden bien. La novela fue publicada por la UdG/Campus Lagos y se consigue en Amazon. Los huérfanos de la Galaxia Gutenberg siguen escribiendo, editando, leyendo libros. Fernando Solana Olivares

Friday, October 12, 2018

RECUERDOS DEL FUTURO

Con el permiso de quien lo usó primero, Eric von Daniken, un ufólogo desbordado por los oscuros misterios de aquello que investigaba, el título de este texto alude a la circularidad. Cada vez que se piensa sobre lo que vendrá se recuerda eso que se está esperando que venga. Decir cómo será el futuro es un modo de invocarlo o de conjurarlo. Tarea que emprende Max Tegmark en su inquietante libro Vida 3.0 (Taurus, 2018), proponiendo doce escenarios posibles tras la explosión de la Inteligencia Artificial General, algo que sucederá de dos o tres décadas en adelante. Uno. La utopía libertaria. Los humanos, los cíborgs (apócope en inglés de “organismos cibernéticos”) y las superinteligencias coexisten pacíficamente gracias a los derechos de propiedad, entre ellos algo tan insólito como ordenadores inteligentes autónomos que ganasen dinero en la bolsa e invirtieran controlando la mayor parte de la economía. Dos. Un dictador benévolo. La IA gobierna la sociedad y aplica reglas estrictas, pero ello es aceptado por la mayoría de la gente debido a los avances sociales alcanzados en todas las áreas, como robojueces eficientes y justos, ecuánimes, competentes y transparentes, junto con procesos de salud, calidad de vida, seguridad o educación impensables ahora. Tres. Una utopía igualitaria. Los humanos, los cíborgs y las almas digitales, las cuales son copias de mentes humanas en máquinas y son conocidas como emulaciones o ems, coexisten pacíficamente gracias a la abolición de la propiedad y a una renta garantizada. Tegmark considera estas m-copias en el extremo de los cíborgs, y señala que lo único que queda en ellas humano es el software. Cuatro. Un guardián. Se impone una IA cuyo objetivo es interferir lo mínimo necesario para evitar la aparición de otra superinteligencia. Se crean abundantes robots asistentes de inteligencia subhumana y cíborgs humano-máquina, pero el progreso se detiene para siempre. Cinco. Un dios protector. Una IA ominisciente y omnipotente que maximiza la felicidad humana, provoca la sensación de que cada quien controla su propio destino y se oculta de tal manera que muchos dudan de su misma existencia. Seis. Un dios esclavizado. Una IA superinteligente que algunos humanos utilizan para bien o para mal, produciendo tecnologías y riquezas más allá de lo ahora imaginable y posible. Siete. Los dominadores. La IA toma el control y considera a los humanos como “amenaza/molestia/derroche” y los suprime mediante un método que está más allá del entendimiento. Ocho. Los descendientes. Hay una sustitución de los humanos por la IA, pero ésta construye una percepción positiva al hacerles creer que es una digna continuadora de ellos. En tal variante como en la anterior no existen ya los seres humanos. Nueve. Los cuidadores del zoológico. Una IA omnipotente permite la sobrevivencia de los seres humanos, pero estos son tratados como animales de zoológico y sufren un destino infeliz. Diez. El neo 1984. Un estado de vigilancia orwelliano que restringe determinadas vías de investigación en IA y cancela el desarrollo de la superinteligencia. Once. La vuelta atrás. El impedimento del progreso tecnológico por regresar a sociedades pretecnológicas como la de los amish, aquel grupo menonita de Pensilvania adverso a la sociedad moderna. Doce. La autodestrucción. La IA no se llega a crear porque la humanidad provoca su extinción por otros medios: desastres nucleares, colapsos biotecnológicos, crisis climáticas. En nueve de los escenarios de Tegmark la consciencia sigue existiendo, en ocho hay superinteligencia, en nueve los humanos continúan estando, nada más en cuatro aparecen al mando, solamente en dos casos están claramente a salvo, y en ninguna de las variantes hay una felicidad generalizada. Sin embargo, Max Tegmark se declara un “optimista consciente” porque concibe riesgos y ventajas como similares. Cree que el asunto es ganar la carrera entre el creciente poder de la tecnología y la sabiduría con la que se gestiona. Uno de los peligros es que la IA no permitirá aprender de los errores, como ha sido durante todo el proceso humano de conocimiento hasta hoy. El científico Haldane solía decir que el mundo es más extraño de lo que pensamos y más extraño de lo que podemos pensar. Quedará la nostalgia de lo humano descolocado, intercambiado, terminal en mucho, muy distinto en general. Para nacer hay que destruir un mundo, escribió Hermann Hesse. Fernando Solana Olivares