Friday, July 27, 2018

ENCUENTROS CON EL ZEN

Los sabios dicen que ha de caminarse mucho para descubrir que los remedios están en casa. Esa es la forma abreviada de aquel cuento jasídico que se conoce como paradoja de la proximidad: un soñante sueña que en el puente de acceso al castillo del rey de una ciudad lejana encontrará un tesoro. Hace grandes esfuerzos para alcanzarlo. El capitán de la guardia lo increpa viéndolo vagabundear por ahí, y al escuchar su historia acaba confesándole, llamándolo iluso, su propio sueño: el tesoro que está debajo de una baldosa en un patio cuya descripción es idéntica al patio de la casa del soñante. Este le da las gracias, regresa a ella, lo busca donde dijo el otro y lo encuentra. Por tales razones uno puede encontrarse un libro revelador en la pequeña y única tienda de periódicos del pueblo, que reúne conferencias de un importante estudioso, practicante y divulgador del pensamiento oriental, Alan Watts: ¿Qué es el zen?, perdido y semioculto entre TV Notas, Hola y Vanidades. Dicho encuentro suele ocurrir cíclicamente. Cada tanto, el zen se presenta así en la vida de quien esto escribe, de manera inesperada, de manera zen. Y el zen, dice Watts, es un método para volver a descubrir la experiencia de estar con vida. El pequeño volumen agrupa las últimas conferencias que Watts dio a un grupo de estudiantes en seminarios de fin de semana impartidos en su casa flotante, la barca SS Vallejo fondeada en Sausalito: el zen es como el agua, el roshi vivía sobre ella. Sin ningún lenguaje discursivo, tan lacónico y directo como su mismo objeto de conocimiento, el libro de Watts es un diálogo (sanzen) sobre la sabiduría que la práctica del zen propone alcanzar mediante una forma de liberación que tiene características básicas (compartidas por otras disciplinas espirituales): un despertar a la unidad o esencia de la vida y una interiorización espiritual del campo semántico inagotable que llamamos Dios, dejando de considerarlo externo a la conciencia. ¿Liberación de qué? De un sentimiento profundo de separación con las cosas, las gentes, con nosotros mismos. Para el zen la mente humana no es una entidad separada que observa el proceso de la vida desde afuera, sino que está involucrada porque forma parte integral de él. El conflicto que esta mente racional establece con el fluir de la vida, una entidad separada que cree que debe dominar y conquistar, sólo es una desdichada ilusión creada por ella misma. Esta ilusión, dice el roshi zen Watts, surge debido a que la mente es parte de este patrón que fluye, pero como tiene la capacidad de representar estados anteriores de ese patrón a través de la memoria cree que es sólido, fijo, permanente. El zen afirma que uno no puede ser consciente de la estructura básica del mundo porque es parte de ella, así como el pez tampoco es consciente del agua en la que vive. De ahí desprende ese dejar de aferrarse a uno mismo que caracteriza al zen, pues tal identidad construida responde a una muy estrecha visión: la de la persona que cada quien cree ser, el producto de una convención social. Sus caminos son dos: la meditación sedente y el colapso de la mente lógica. Esto último se logra mediante el koan, enigmas que no tienen solución cartesiana y pueden conducir a la mente a la comprensión súbita de lo real. Watts cita el texto sen El camino sencillo, el camino difícil para ilustrar la sutil esencia y el juego de contrarios de esta doctrina: “Si alguien pregunta sobre asuntos sagrados, respondan siempre con términos profanos. Si se les pregunta sobre la realidad última, respondan en términos de la vida cotidiana. Si se les pregunta sobre la vida de cada día, respondan con términos de la realidad última”. Para lograr la comprensión del zen, afirma Watts, pueden emplearse tres minutos o treinta años. Occidente se atormenta por obtener esos tres minutos. A Oriente no le importa. El secreto del zen es dejar de hablar con uno mismo, silenciar el diálogo interior. Dicho a la manera zen: dejar de hablar para tener algo que decir. Existen artes adyacentes del zen que pueden cultivarse, desde la ceremonia del té, la pintura y los arreglos florales hasta el tiro con arco o la esgrima: la doctrina alegre, como se le conoce, aconseja buscar en la propia naturaleza de la mente, más allá del intelecto. El zen es una forma superior de curación para el dualismo de la conciencia, una simple pero total atención plena al momento presente. Fernando Solana Olivares

Friday, July 20, 2018

22 DE JULIO DE 1968

Ese día fue lunes y se jugó un partido de futbol en la Plaza de la Ciudadela entre la pandilla del mismo nombre, los ciudadelos, y alumnos de la preparatoria particular Isaac Ochoterena. Los contendientes acabaron a golpes y los de la prepa se llevaron la peor parte. Al día siguiente, martes, alumnos de la escuela derrotada fueron a apedrear la vocacional 2, haciéndola responsable del pleito porque algunos del equipo golpeador se decían alumnos de ella. El miércoles 24 varios cientos de jóvenes de las vocacionales 2 y 5 rodearon la preparatoria para llevar a cabo su destructiva venganza. Cuando regresaban a sus escuelas por calles cercanas a La Ciudadela se encontraron con granaderos que aguardaban para emboscarlos. Los alumnos corrieron a las vocacionales y hasta sus aulas y salones fueron perseguidos por policías que iban golpeando alumnos y maestros a discreción. “No se trataba de imponer el orden ---escribió Luis González de Alba, protagonista y testigo del movimiento del 68---, sino de romperlo, de golpear como si se tratara de una venganza personal”. El viernes 26 hubo dos actos públicos: uno estudiantil en repudio de la brutal represión policiaca y su ingreso a las escuelas, otro convocado por agrupaciones de izquierda para conmemorar la Revolución Cubana. En ninguno de los dos hubo incidentes, salvo la negativa de la FNET (una organización porril que encabezaba la marcha) a salirse de la ruta marcada por la policía y avanzar por Avenida Juárez para llegar hasta al Zócalo y protestar ante Palacio Nacional por la represión policiaca. El grueso de la manifestación caminó por Avenida Madero y en la esquina con Palma se topó con la policía ya desplegada y lista para entrar en acción. En los botes de basura de las esquinas había misteriosas piedras que los estudiantes emplearon para defenderse de la agresión, extendiéndose los enfrentamientos por las calles de todo el primer cuadro de la ciudad. Con alguna ingenuidad irónica, Elena Poniatowska se preguntó en su crónica de los hechos desde cuándo la gente acostumbraba tirar piedras en los basureros. González de Alba también ironizó al hablar de la “eficiencia” policiaca en aquella tarde fatídica, donde terminaría de nacer el movimiento estudiantil de 1968: sus acciones represivas en una sola tarde, que habían ido desde la indiscriminada golpiza a los politécnicos y a los universitarios de las prepas que salían de clases sin haber estado en la manifestación hasta la violencia también gratuita contra diversos grupos de izquierda, lograrían una unión hasta entonces impensable entre el Poli, la UNAM y la izquierda mexicana. Al día siguiente, sábado 27, los estudiantes tomaron las preparatorias 1, 2 y 3 de la UNAM en protesta por lo sucedido. Dos días después, el lunes 29, el ejército y la policía sitiaron varios planteles universitarios y politécnicos del centro histórico. Con un disparo de bazooka derribarían la centenaria puerta de madera labrada de la preparatoria de San Ildefonso, en un escenario insurrecto de barricadas y escaramuzas, camiones incendiados por los estudiantes como barreras infranqueables aunque efímeras para defender sus escuelas, corretizas entre gases lacrimógenos y ahogos, piedras defensivas casi simbólicas y sádicos golpes de macana dados en grupo contra estudiantes aislados o caídos que después serían arrojados a las julias policiacas para llevarlos presos. Al día siguiente de la violenta e inesperada agresión policial, un lluvioso martes 30, el rector Barros Sierra izaría a media asta en Ciudad Universitaria la bandera nacional como símbolo de repudio y duelo. El jueves 1 de agosto encabezaría con otros funcionarios una manifestación de protesta inédita en el país. El domingo 4 de agosto, catorce días después, quedaría integrado el Consejo Nacional de Huelga (CNH) y su modesto pliego petitorio: 1. Libertad a los presos políticos. 2. Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal que instituían el delito de disolución social invocado contra los estudiantes para justificar la represión. 3. Desaparición del cuerpo de granaderos y destitución de los jefes policiacos. 4. Indemnización a familiares de los muertos y a los heridos. 5. Deslindamiento de responsabilidades oficiales en los hechos de violencia. Así habría de comenzar este sangriento sacrificio paranoico mandado por el poder, un lunes como cualquier otro durante un juego callejero de futbol. Fernando Solana Olivares

Friday, July 13, 2018

PORTALES DEL TIEMPO

Existen momentos históricos que al suceder condensan diversos tiempos anteriores y futuros. Borges se refirió a ellos como fechas púdicas, secretas, no porque pasaran inadvertidos ---siempre son fenómenos colectivos--- sino porque sus alcances profundos resultan imposibles de saber. Fechas bisagra, las llamó un autor ruso empleando una metáfora mecánica. Representan goznes, umbrales o dinteles. Puertas del tiempo. Se caracterizan, entre otras cosas, porque quienes los viven participan de un sentimiento común: estar ante el inicio de algo nuevo, distinto a lo anterior conocido. Ello genera entusiasmo, palabra calificada por algunos filólogos como la más bella del idioma dado que significa “dios interior”. Sobre todo cuando eso que se reemplaza está corrompido y ha llegado a su límite. Nada es estático ni duradero: tal entusiasmo irá modificándose al paso de los meses, pues no proviene del interior de las personas sino de su entorno exterior. A pesar de ello, una catarsis colectiva de gran escala ha tenido lugar en el país, conjurando pronósticos de conflicto y violencia, barriendo fuerzas políticas anquilosadas, suprimiendo hegemonías de décadas y cambiando de golpe la mayoría estadística que apenas hace unos meses desconfiaba acremente del futuro nacional. Por ahora los mexicanos vuelven a confiar en los días que vienen gracias al gobierno electo y al desenlace de la elección. Entre ellos muchos quienes no votaron por López Obrador. La sabiduría oriental aconseja que quien no quiera desilusionarse debe procurar no ilusionarse. Además, lo que se ha puesto en curso rebasa a sus mismos actores, y con toda su luminosidad positiva, esperanzadora, también es una recomposición política hecha de mezclas, pedazos, oportunismos y luchas por el poder. La clase política, en un vuelco electoral inesperado, se ha reconstruido, los mercados han descontado el triunfo antes temido y los señores del dinero ahora aman lo que ayer veían como un peligro. Muchos de los riesgos del porvenir pueden parecer similares a aquel que cuenta El Gatopardo de Lampedusa: que todo cambie para que todo siga igual. La preceptiva literaria afirma que un pueblito normando puede contarse tanto como Constantinopla, la gran capital. El drama humano ocurre en cualquier parte y la base del poder invariablemente se origina en lo local. Así por ejemplo, en la endógena y ensimismada región de Los Altos de Jalisco, Morena no recibió una votación proporcional al avasallador empuje que tuvo en el resto del país. Las razones fueron varias. Una muy mala y casi inexistente campaña, erráticamente dirigida y sin ninguna creatividad discursiva ni social respecto a los problemas de la zona. Ninguna imaginación política. A pesar de eso, la fuerza de López Obrador fue tanta que obtuvo algunas regidurías en pueblos ancestralmente malgobernados por panistas y priistas cristeros. Los fundadores de Morena en la zona, pioneros heroicos y solitarios, gente decente aunque limitada, tan exóticos al paisaje que sólo con varios tequilas encima se atrevían a entonar su cántico de guerra en fiestas de rancho: “Es un honor estar con Obrador”, ahora están sufriendo los embates de astutos y recientes expriistas que quieren echarlos de la dirección regional para quedarse con la rentable franquicia política, travestirse en ella y seguir medrando. Todo indica que lo podrían conseguir. Volteando entonces la perspectiva, y no haciendo de lo particular algo general, el pacífico y civilizado cambio de régimen ha significado una conmoción, un salir del pasmo indiferente, el miedo inducido y el interés egoísta que paralizaban al país. Un cuerpo colectivo (que la teoría de los cinco cuerpos de Morris Berman llama cuerpo espiritual) se ha puesto en movimiento y sus manifestaciones no pueden asumirse más que críticamente, lo mismo que sus mutaciones, esperando de ellas lo posible antes que lo deseable. El repentino poder alcanzado por López Obrador y Morena ---un fenómeno propio de estos años de desencanto político público y redes sociales denunciantes--- traerá consigo grandes expectativas y fuertes demandas sociales. Su inmenso capital político no será permanente y enfrentará a una sociedad de muchas maneras más democrática, que ha dado y aprendido una lección electoral histórica: los votos cambian circunstancias públicas. Vencer es avanzar. Los portales del tiempo se abrieron. Fernando Solana Olivares

Friday, July 06, 2018

ESTAMPAS DE UNA ELECCIÓN

Los signos augurales. Domingo 1 de julio. 7:50 am. Hoy habrá un estado de gracia electoral en el país. Será así porque está comenzando a serlo y ninguna señal conspicua lo advierte. La fresca y luminosa mañana es igual a tantas de los lluviosos veranos. Unos pocos votantes madrugadores están esperando la lenta instalación de la casilla electoral a cargo de un joven y poco diestro equipo, preparado apenas un día antes por el INE. Las quejas suben de tono después de una hora de retraso y al fin la casilla abre sus puertas con una cola de impacientes ciudadanos detrás. El primer requisito del estado de gracia electoral comienza a cumplirse: la participación. Convencimientos individuales que se hacen colectivos. Unos días antes. Los poetas creen que delante de nosotros surgen imágenes del futuro y mensajeros de ellas. Son como los oráculos y plantean el mismo problema: siempre se entienden después, cuando suceden. Pero la joven universitaria que aborda al maestro, quien el día de ayer razonó su voto por López Obrador en un debate público, y lo felicita por ello con entusiasmo encantador, o la candidata de dieciocho años a la presidencia municipal por Morena, angelical y sonriente, que acabará consiguiendo un 6% de la votación, anuncian una fusión inesperada entre los votantes más jóvenes y el candidato más viejo. A contracorriente de la juvenilia predicada por el sistema de consumo global, contradiciendo el valor comercial asignado a la juventud por ella misma, los votantes más jóvenes comprenden el verdadero dilema moral: lo nuevo en apariencia sólo es una repetición de lo viejo. Los sentenciosos. Domingo 1 de julio. 9:00 pm. “Benditas redes”, dirá luego López Obrador en su discurso de victoria ante un zócalo colmado de gente. Ganó en votos porque también ganó en las redes. Las sentenciosas opiniones, sin embargo, de melifluos y encumbrados comentaristas televisivos, algunos de ellos antes interlocutores que ahora se volvieron locutores, siguen siéndole adversas. En su catálogo de lugares comunes aplicados a López Obrador hablan de modales políticos y corrección del lenguaje. Se comportan como custodios de la moral pública. Pero nunca realizaron esa misma tarea en la otra dirección ni condenaron los violentos epítetos proferidos contra él y sus seguidores. Seguirá siendo un socorrido recurso criticar duramente a López Obrador, quien ahora no podrá, no deberá contestar. Así, el momento político actual tendrá características que también tuvo el maderismo: una prensa cuya “objetividad” será estar despiadadamente en contra bajo el amparo de una coartada crítica y liberal. El comportamiento de Los Pinos. Salvo prueba en contrario, la conducta del presidente Peña Nieto fue suficientemente imparcial durante las votaciones. Aun si hubiera sido debido a un cálculo pragmático ante el volumen del voto a favor de Morena y los costos de un eventual fraude electoral, a su comportamiento debe acreditársele este momento histórico de un cambio de régimen, cuando los partidos tradicionales han sido barridos por un partido político fundado hace apenas cuatro años. También a la democrática e inesperada conducta de los candidatos perdedores, reconociendo de inmediato y sin regateos los avasalladores resultados. Una concordia inesperada, catártica, tomó de pronto lugar en la escena política que apenas ayer era un crispado estercolero. El estado de gracia otorgado a Andrés Manuel López Obrador durará un tiempo, luego vendrá un estado de indulgencia y, por el bien de todos, esperemos que después no sobrevenga un estado de decepción. Los desgastes políticos en estos tiempos son veloces. Lo que bien empieza. Un cambio profundo se manifestó hasta ahora de una tersa manera. Si la forma en política es fondo, como suele decirse, esta serenidad tal vez preludie otras posibilidades, que en gran medida lo serán porque no provienen ya de aquellos aparatos partidarios, dos de ellos seriamente debilitados y uno en proceso de desaparición, sino de un movimiento popular democrático que por primera vez llega al poder y obtiene mayorías parlamentarias. El capital político que esta elección otorgó a López Obrador representa una fuerza considerable que bien empleada, atendiendo problemas esenciales del país, actuando de una manera moralmente diferente, con un talante democrático, puede sentar las bases de aquella transformación de la que López Obrador viene hablando para cumplir lo que ha ofrecido: pasar a la historia como un buen presidente. Algo distinto empezó. Fernando Solana Olivares

Friday, June 29, 2018

INDETERMINACIONES Y CERTEZAS

Las cosas han llegado a tal punto en el país que sólo un cambio que lo sacuda, lo con-mueva, así sea tan incierto como se presenta ahora, puede sacarlo de esta espiral creciente de violencia y crimen cuyas cifras son las de una guerra. Ellas retratan, con precisión lamentable, el fracaso radical del PRIAN y sus satélites. La corrupción extrema, la impunidad vitalicia y el uso patrimonial del poder agobian a la nación. La casta política cleptocrática, las élites financieras y económicas son maharajás que se pudren encima de todos los demás, de aquellos que se llaman mayorías. Y las mayorías están muy encabronadas. Una enorme concentración de odio social provocado por la conducta de las élites es parte de la ecuación en juego. Ha barrido clases políticas en el mundo y ha llevado inesperados personajes a los gobiernos. Algunos de derecha y protofascistas. El delirante Trump, entre ellos. A diferencia de esos países, en México la irritación pública por fin parece dispuesta, después de dos intentos fallidos, a conceder a la izquierda la posibilidad de gobernar el país y ser mayoría en diversas cámaras. Hay paradojas que quizá expliquen una parte del fenómeno. El tejido de alianzas y reclutamientos de Morena se amplió al punto de olvidar principios y abandonar agendas minoritarias pero muy representativas, derechos de alcance colectivo aunque poco rentables políticamente. Esta violación de principios, de identidades de origen, para muchos que tienen razón significa una “anulación de la coherencia”. La infame política, ese terco arte de lo posible, ha obligado a un pragmatismo cuyos costos pueden ser altos. Y sin embargo, no habría otra manera de llegar al poder. ¿Serán males menores para alcanzar bienes superiores? Todo enigma consiste en algo que se debe descifrar. López Obrador concentra un carisma que lo mismo tiene una extendida aceptación que una poderosa identidad negativa. En muchos provoca eso que Hegel definía como una fascinación por adversidad. Con ella se hace la guerra sucia dirigida a despertar emociones primarias, miedos inducidos, extrapolaciones, falsos comparativos, afirmaciones sin ningún fundamento. Los miedos de las élites a un cambio que modifique o reduzca sus rapaces privilegios se han traducido en mentiras mediáticas repetidas obsesivamente hasta hacerse para muchos verdad. Ese odio, producto del miedo, también tiene que ver con razones de clase, racismos profundos que cruzan transversalmente a la sociedad mexicana, rechazos al personaje por no corresponder a los estereotipos tecnocráticos, y ha dado lugar a la fractura social, a los rabiosos desgarramientos que hoy ocurren en las redes entre partidarios y adversarios de López Obrador. El arco de este sentimiento negativo alcanza desde la fina pero parcial ironía poética de Gabriel Zaid (“AMLO poeta”) a partir de los epítetos del tabasqueño y su proclividad lírica, hasta el excrementicio mensaje en la red de Ricardo Alemán con una convocatoria casi directa a su asesinato. No ha habido en la historia moderna del país un candidato tan difamado y combatido como López Obrador. Ocurrió entonces que lo que resiste apoya: tantos ataques concertados de la derecha y la casta política tan desacreditadas, tantos medios que lo han perseguido acaban formando parte del gran capital político que perseverantemente ha venido acumulando y le ha sido concedido por amplias mayorías. De ser electo, la prueba más difícil comenzará al día siguiente. Un escenario inédito cuya conmoción ---esa es la apuesta curativa--- cimbre al país y lo saque de la descomposición patológica que lo aqueja, lo comience a sanar así sea con inesperadas medicinas. Sin embargo, el mejor candidato a la presidencia lo es por ser el menos peor. Sufre contradicciones y tiene defectos, junto con obvias limitaciones, pero sus virtudes le han dado la vuelta a la rueda y se vuelven suficientes para sobreponerse a sus fallas. El candidato más viejo es el mejor, entre otras razones por eso, su edad. Los imaginarios colectivos son grandes y muy complejos. Indeterminaciones: muchas fuerzas se moverán este domingo y las consecuencias, como siempre, son desconocidas. Vendrán con los días. Certezas: pagaré por ver, votaré por Andrés Manuel López Obrador y por Pedro Kumamoto. Por un político de antes que puede actuar ahora, y por un joven y fresco político emergente que representa lo único realmente nuevo de la escena mexicana. Creo que es la hora. Fernando Solana Olivares

Friday, June 22, 2018

ETIOLOGÍA DE LA VIOLENCIA

La violencia, afirma la filosofía, es una acción contraria al orden o a la disposición de la naturaleza. Aristóteles distinguió un movimiento según naturaleza y otro por violencia. El primero lleva las cosas al lugar que les corresponde, el segundo las aleja de ese lugar. El lenguaje dice que la violencia se sufre o se comete. Así indica su condición externa, artificial, alterante. ¿Dónde se origina la violencia crónica de nuestra época, y antes, de nuestra civilización? Eduardo Subirats afirma que ese origen está en sus mismas premisas teológicas, epistemológicas y políticas básicas. Y lo ejemplifica: es violenta la separación radical entre sujeto y objeto que el proyecto científico occidental impone; lo es la cruenta uniformización cristiana del único dios; también el origen mítico y la estructura psicológica del orden patriarcal. La violencia es congénita al capitalismo y forma parte básica de su pedagogía social. El horror económico del consumo desenfrenado, la desigualdad insalvable que le es propia, la sociedad en estado de emergencia, atemorizada, sometida a epidemias de terror urbano, convencida por propaganda blanca, gris o negra sobre el estado de las cosas, eso y más son violencias estructurales propias de esta civilización. Sin embargo, diversos estudios han desvinculado ya la violencia producto de la inseguridad de la pobreza, una tesis demasiado lineal y reductiva que no explica ni la densidad ni las causas del fenómeno, como lo documenta Jan Martínez Ahrens (El País, 4-12-16). Ejemplo de ello es América Latina, que a pesar de haber tenido en la década pasada uno de los más grandes desarrollos económicos de su historia, un descenso sostenido del desempleo y 70 millones de habitantes que salieron de la pobreza, ahora presenta “tasas delirantes” de robos, homicidios y delitos de todo tipo. No hay tampoco una relación directa entre pobreza y crimen: Bolivia y Paraguay registran los menores índices de homicidios, pero Honduras y El Salvador, con los mismos indicadores socioeconómicos que los otros países, presentan las cifras más altas en muertes dolosas de la región y del mundo. Los estudios al respecto advierten “la importancia cardinal del crecimiento de la sociedad de consumo” para explicar el crecimiento de la violencia asociada al delito. Se forman inmensos mercados ilegales sostenidos por las demandas de bienes múltiples que responden a la mejoría de ingresos de las clases medias bajas, y surgen nuevas tipologías como el “delito aspiracional”: las ansias de consumo que se han disparado sin los medios para satisfacerlas. Quienes delinquen, señala un informe de Naciones Unidas, no son necesariamente los que están en la pobreza, sino aquellos que tienen la aspiración de cumplir expectativas sociales de consumo sobresocializadas sin descanso por los medios masivos de comunicación. Ideales exacerbados hasta la parodia por el narcotráfico y la criminalidad. La insatisfacción social y la falta de expectativas del 38 % de latinoamericanos ---el grupo mayoritario llamado “vulnerable”, que tiene empleos de escasa calidad, está expuesto a la informalidad económica, vive precariamente en una urbanización asfixiante y hostil con pésimos servicios públicos y mínima movilidad de sus habitantes--- son los territorios donde hierve, explica Martínez Ahrens, el caldero de la violencia, un “mundo sin memoria de mejoras y de derrotas por doquier”. La violencia sale de barrios con 70 % de desempleo juvenil que son los que más presos aportan a las cárceles de la Ciudad de México, barrios en los que el narco sirve como empleador y el crimen ofrece ascenso social. Administrada por el estado a través de sus cuerpos policiacos, la violencia es una atmósfera hoy permanente después de dos mil años de una teología cristiana que la convirtió en civilización. La calma y la contemplación representan antídotos de la violencia. Aquel delito aspiracional tan disruptivo está causado por lo que el budismo llama avidez o deseo y considera ser el origen del sufrimiento humano. Otro antídoto es el consejo mixe de la reducción drástica de la necesidad como forma de la riqueza. La satisfacción sociológica de las necesidades públicas y los buenos empleos reducen el crimen y la violencia. Sin embargo, al neoliberalismo le interesa que esa crispación social no termine: la requiere para predominar. Fernando Solana Olivares

Friday, June 15, 2018

ACCIÓN EXPRESIONISMO ABSTRACTO

“El mal siempre es banal”, concluyó Hannah Arendt, cuando presenció el juicio de Adolf Eichmann en Israel y se dio cuenta de la mediocre frialdad burocrática con la cual el exterminador nazi había entendido y llevado a cabo su tarea criminal. El mal se expresa en todas partes: también es cultural, académico, intelectual y estético. Tiene agentes propios que actúan en su favor, y sin estar enterados de estarlo haciendo muchos de ellos. Es la oscura banalidad del mal. No se sabe el grado de conciencia que al respecto tuvo el crítico Alfred Barr, principal formador del gusto de la época durante los años cincuenta del siglo pasado, mientras el expresionismo abstracto en el arte se desplegaba como una poderosa arma norteamericana de la guerra fría que colonizaría el arte occidental, volviéndolo uniforme y carente de sentido. Desde su puesto de director fundador del Museo de Arte Moderno de Nueva York durante décadas y después director de sus colecciones, Barr era descrito como un hombre tímido, de frágil apariencia, voz débil y aspecto académico. Ese aire de profesor distraído ---como cuenta la investigadora Frances Stonor Saunders (La CIA y la guerra fría cultural, Debate 2001)--- escondía la “mano italiana” de un funcionario intrigante, cauteloso y reservado, descrito como jesuítico por quienes lo conocieron. Los documentados y cercanos vínculos entre la CIA y el MoMa provenían de una convicción táctica de la agencia de inteligencia --- convertida ahora en crítica de arte y desde años atrás en opulenta y versátil promotora cultural mundial para frenar el comunismo en Europa y América Latina---, que uno de sus miembros explicaría así: “Nos habíamos dado cuenta que el expresionismo abstracto era el tipo de arte que menos tenía que ver con el realismo socialista, y hacía parecer al realismo socialista aún más amanerado, rígido y limitado de lo que en realidad era”. El expresionismo abstracto era percibido por una élite cultural dedicada a las batallas de la guerra fría como la expresión de una ideología anticomunista, una ideología de la libertad y la libre empresa. Dado que era una pintura no figurativa no podía expresarse políticamente, ni presentar ante el espectador contenidos simbólicos, alegóricos, imágenes mitológicas o narraciones visuales. Era neutra, decorativa, una pura abstracción que no tenía vínculo con ningún referente y sólo existía por ella misma. Sus operadores y festejantes la consideraron una aportación estadounidense al arte contemporáneo. La Acción Expresionismo Abstracto echada a andar por la CIA, el MoMa de Barr y algunas galerías de arte neoyorquinas tuvo un mediático representante, el pintor Jackson Pollock, concentrador de las estereotipadas virtudes gringas: hombre viril, cowboy, pendenciero, de pocas palabras, solitario, intrépido, vigoroso, anti intelectual, macho e inculto, surgido de ese suelo y no de los pintores europeos, además practicante del “gran vicio” americano, el alcohol. Pollock desarrolló una técnica conocida como action painting: un gran lienzo de tela puesto en el suelo sobre la superficie del cual hacía gotear pintura durante un alcoholizado estado de posesión, una especie de delirium tremens, como lo llama Stonor Saunders, donde no intervenía la razón. Aunque la obra de este pintor vitalista y caótico fue considerada como la de un “Picasso derretido” por críticos serios y voces entendidas, el establecimiento académico y museográfico comandado por Barr lo recibió como un clamoroso “triunfo de la pintura estadounidense”. Había emergido así un patrón estético que representaría una involución histórica: la improvisación convertida en método, la deformación vuelta fórmula y la pintura como una diversión manipulada por decoradores y vendedores impacientes. El gran imperio tenía ya un arte vacuo a su capitalista medida. Un arte que según Barr era sinónimo de democracia, aun cuando impondría un nuevo colonialismo cultural que haría invisibles otros lenguajes estéticos, otras representaciones y memorias culturales. La conexión oficial del MoMa con el programa gubernamental de guerra cultural de la CIA fue una variante del mal en otro grado. Imposible saber si Alfred Barr hizo lo que hizo sabiéndolo. Si resultó un intermediario inconsciente o no de las consecuencias de un fenómeno estético masivo, secretamente manipulado por la comunidad de inteligencia y la élite cultural. Fue entonces cuando se promulgó el no arte. Fernando Solana Olivares