Friday, May 14, 2010

USTED Y LA SOMBRA / y II

En el artículo anterior se dijo que el encuentro con la sombra lo curará del verbo “hubiera” frente a todas sus acciones, pero antes, como si fuera un agua muy amarga, usted debe beberse el reconocimiento pormenorizado de todo lo que llama su pasado. Procure recordar lo que olvidó, vuelva a contarse a usted mismo aquello que siempre justifica y acepte un hecho irremediable: lo que haya sido, así fue. Si lo hace, su sombra no pasará de largo ante usted sino que se sentará a su lado, se irá integrando a usted.

Formas de reconocerla. Dicen los especialistas que hay seis variantes de la sombra en la vida diaria, seis zonas donde la sombra puede sorprenderse, observarse: en los sentimientos extremos hacia los otros, en la antipatía contra quienes resultan parecidos a uno, en los sentimientos perturbadores provocados en los demás, en las acciones impulsivas, en los sentimientos de humillación, en los enojos ante los errores de los otros. Revise, pues. La exageración afectiva que usted practica es sombra: sus odios extremos y sus admiraciones acríticas; detesta a todos quienes le resultan espejos de usted: eso es sombra; tiende a repetir patrones de conducta que causan el mismo sentimiento alterado en aquellos cercanos: eso es sombra; comete actos inesperados que su razón no decide: eso es sombra; cuando se siente disminuido, ridiculizado: eso su sombra; cuando se encoleriza sin proporción ante las fallas del prójimo: también. Ponga atención a tales momentos. Véalos en retrospectiva, cuando menos. Quizá si llega al final de este método aprenderá a verlos cuando surgen, no después. Pero por ahora, sométalos a revisión. Vea cómo ama y cómo odia. Vea sus antipatías y fobias. Vea sus conductas crónicas según las perciben los otros, no usted. Vea sus acciones inexplicables, sus lapsus. Vea su sentimiento de autohumillación, de ridículo ante los demás. Vea su intolerancia con la gente, con los suyos. Todo comportamiento fuera de lugar proviene de la sombra, toda cólera exaltada, toda vergüenza profunda. De tal manera que es central observar la propia sombra, conocerla y más tarde incorporarla conscientemente a uno mismo. Sin embargo, tratar con la sombra personal no es tan sencillo y si tal tarea no se hace con cautela significará un riesgo antes que una posibilidad.

Los peligros de lo oscuro. Usted sabe lo que es la depresión, una plaga de la época. Quizá la padece. Ese puede ser el resultado de un mal encuentro con la sombra. Lo que se llama “noche oscura del alma” o “desierto interior”. No nada más la indiferencia emocional de siempre sino una sensación de vacío y distancia ante la gente y el mundo mucho más profunda y aguda que de costumbre. Una parálisis interior. Podría descubrir en usted la fuerza necesaria para darse cuenta de que una situación así es altamente benéfica, siempre y cuando estuviera dispuesto a descender al reino subterráneo de su conciencia, pero entonces requeriría hacer más lento su ritmo existencial, desechar la pereza activa de la vida, donde compulsivamente se realizan acción tras acción, y atender las evidencias de sombra que su cuerpo y su mente conocen. Necesitaría además darse tiempo y lugar para estar a solas consigo mismo, salir del ruido cotidiano y buscar el silencio mental, aprender a desarrollar su interioridad, que usted no debe confundir con la subjetividad mental que lo caracteriza. Una vía favorecida para llegar más o menos ileso a la sombra son los sueños. En ellos la sombra aparece generalmente como un sujeto del mismo sexo de quien sueña, más viejo o también más joven, a veces deforme, contrahecho, hostil y amenazante, pero al mismo tiempo atractivo, capaz, poderoso, hasta sabio en ocasiones, portador de mensajes trascendentes y actor decidido en circunstancias especiales. La gente, como afirma un autor, no sabe hasta dónde puede osar sin peligro, si lo supiera se volvería loca de pesar por no haber osado más. Pero la sombra sí lo sabe y por ello es valiente y audaz. Si usted es de aquellos quienes aseguran “no soñar” (más bien “no recordar” lo soñado) váyase a la cama diciéndose que al despertar quiere recordar sus sueños. Si lo hace perseverantemente al fin lo logrará. Duérmase también pensando en su sombra, pensando que durante el sueño la quiere encontrar. Mientras más contactos correctos y conscientes tenga con ella usted logrará que su depresión se convierta en la antesala de un logro personal: la reunión con su sombra, lo que le dará una plena madurez emocional.

Concluyendo apenas. El creador del término “sombra”, Carl Gustav Jung, sugiere un cambio fundamental de actitud u orientación personales para mirar esa parte oculta de cada quien a los ojos y así librarse de la autodesilusión y el autoengaño. Usted ha de considerar a su sombra como un enigma antes que como una enfermedad o un problema, porque según los especialistas el trabajo con la sombra es un trabajo con el alma de cada quien. Usted debe entonces: a) dejar de culpar a los demás; b) asumir su propia responsabilidad emocional; c) avanzar con lentitud en su autoconocimiento; d) profundizar su capacidad de conciencia; e) mantener y aceptar la paradoja que la sombra significa; f) abrir su corazón y volverse vulnerable; g) sacrificar sus ideales de perfección; h) vivirse a usted mismo y al mundo como un misterio. Mantener la conciencia de los opuestos en uno mismo es un signo de la conciencia en desarrollo. El ego teje el mundo y la sombra lo desenreda. El ego apoya lo establecido y la sombra es un agente de la transformación. A estas alturas usted ya debe saberlo: autoayúdese, que nadie lo ayudará.

Fernando Solana Olivares

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