Friday, September 07, 2018

UN HOMBRE BUENO

Cédric Herrou respondió al juez que lo juzgaba por ayudar a migrantes para entrar en Francia, el tipificado como “delito de solidaridad”, que estaba claramente consciente de que la ley prohibía su acto. “Sí, lo sé. Pero usted me está juzgando por saltarme un semáforo en rojo y no quiere escuchar por qué lo hice. Me lo salté para dejar pasar a la ambulancia que venía detrás”, le dijo al magistrado este agricultor y activista antisistema que nació en Niza hace 39 años, según contó el sitio El Salto. El lenguaje jurídico es una proclama que tiene que extender las leyes a todos, pero el lenguaje metafórico es un escalón de significado que va más allá. Herrou, quien arriesga cinco años de prisión y una multa de 30.000 euros por sus acciones, argumentaba que el acto de ayudar a entrar a Francia a otros no es ningún delito ante el hecho de asistir a personas en peligro. Antígona desobedeció al tirano Creonte para dar sepultura a su hermano. Al hacerlo invocó una ley más básica, naturalmente anterior a todas las proclamas de la ley: los seres humanos entierran a sus muertos. Del mismo modo, los seres humanos auxilian a los demás bajo el principio de la fraternidad. “La forma más alta de la inteligencia es la bondad”, escribió Hermann Broch, a contracorriente de las heladas aguas del egoísmo capitalista, nuestra atmósfera anímica y moral avasallante que inocula en casi todos un egoísmo extremo, sobresocializa el individualismo indiferente, como si el encierro en lo particular de cada quien representara su libertad, y destruye toda solidaridad humana al convertir al ciudadano en un consumidor enajenado que deshumaniza al otro y lo rechaza. La bondad, razonaban los antiguos, es la determinación de la voluntad para hacer el bien a los demás. El beneficio, y esto lo ha constatado Herrou a menudo, consiste en la acción útil para otros. Como vive en Breil-sur-Roya, cerca de la frontera francesa con Italia, a partir de 2016 decidió ir a buscar migrantes africanos a Ventimiglia, Italia, y hacer un campamento con ellos en su casa. Cédric Herrou ---en su nombre hay el sonido de un cedro--- explica que ha logrado resistir porque participa en una lucha política. El componente humanitario de sus acciones no es la razón principal de ellas, a veces debe ser insensible ante las problemáticas personales. Los días son duros y no todas las historias terminan bien. No quiere dedicarse a pasar migrantes ni a ser su chofer indefinidamente pues cultiva olivos, hace aceite y vive en el campo. Una mañana de lluvia despertó y vio que su casa era “un campo de yo que sé”: gente amontonada y dormida entre el barro por aquí y por allá. Decidió entonces crear una organización con unos pocos para alertar a los poderes públicos sobre el problema y provocar una reacción colectiva. En agosto de 2016 fue detenido por pasar a ocho migrantes en su camioneta. El fiscal de Niza se negó a presentar cargos argumentando que sus intenciones eran humanitarias. A partir de ese momento las detenciones de Herrou continuarían. Por ayudar a cincuenta migrantes de Eritrea y Sudán a ocultarse en una estación de tren abandonada. O por auxiliar a otros doscientos a cruzar la frontera franco-italiana. Por acompañar a 156 de ellos en la estación de Cannes. Por proporcionarles auxilio, techo y alimento, el delito de solidaridad. Y por suicidarse legalmente un poco para llamar la atención mediática y hacer visible la grave e inhumana situación de los migrantes en una Europa cada vez más hostil, practicante de un racismo de Estado originado en políticas de extrema derecha. Los actos heroicos suelen ser irreflexivos. Si el individuo se ve a sí mismo poniéndose en riesgo en lo que debe hacer, es probable que no lo haga. Lo contrario es aquella superioridad inteligente de la bondad que contiene el sacrificio si llegara a ocurrir. Una palabra budista llama compasión a este sentimiento: un corazón que toca a otro, que padece con él, y no una mente que razona sobre un corazón, como hace la lástima cristiana. Aunque por momentos esta compasión tenga que compadecerse de la atroz circunstancia antes que de las personas mismas que la sufren. Cédric Herrou tiene confianza en el pueblo y su presión para cambiar las políticas. Cree que es imposible que la gente deje de movilizarse contra la injusticia. La humanidad reaccionará siempre porque siempre ha existido la resistencia. Toda lucidez es bondad. Fernando Solana Olivares

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