Friday, August 03, 2012

CUANTO DURE EL TIEMPO / II.

El diagnóstico de Morris Berman sobre la época es perentorio y concluyente ---una perspectiva crítica del pensamiento intelectual que dice la verdad y cumple con su función histórica siendo fiel a su origen ilustrado---: no existe escapatoria colectiva a esta forma de vida posmoderna más que un colapso total, no hay otra manera de que pueda transformarse porque no tiene la voluntad, los recursos y la conciencia para hacerlo. No es capaz de autocorregirse salvo por la vía que suele colapsar a las civilizaciones. Así como todos los cuerpos caen, las civilizaciones también. Todo lo compuesto: seres, mundos, culturas, ha de perecer. A menos que la naturaleza se interponga ---por ejemplo, con el calentamiento global, un tema franca, nihilistamente ignorado por gobiernos, sociedades y empresas del capitalismo salvaje---, el sistema seguirá hacia una mutación tóxica que Immanuel Wallerstein (El futuro de la sociedad capitalista), citado por Berman, anticipa mediante dos escenarios negativos probables a corto plazo y uno positivo aunque idealista: un neofeudalismo donde se ha abandonado por fin la patológica acumulación por la acumulación, pero en el que habría una restauración rígida de las jerarquías sociales como estabilización política, o un fascismo democrático que divida al planeta en una élite del 20 % y un resto dominado de 80% ---Wallerstein indica que ese fue el proyecto de Hitler, quien cometió el error de construir una élite muy reducida. El tercer escenario es el de un orden mundial descentralizado e igualitario, el cual no dice cómo podrá alcanzarse. Sólo aventura que quizá dentro de cien años veremos este horror socioeconómico actual (desde el siglo dieciséis hasta la fecha) como un experimento erróneo e inestable al fin superado por formas civilizacionales más estables. ¿Cúales? A saber: la anticipación sociológica todavía no vislumbra el diseño global de lo nuevo. Acaso una república planetaria superior como la de Issac Asimov en su trilogía de Fundación. Para el momento actual, aquellos que quieran salvarse nada más pueden hacerlo a través de la comprensión. Y resulta fascinante, además de indispensable, saber cuándo y cómo todo esto comenzó. Dos componentes esenciales acuden al origen de la tardomodernidad financiera: la derrota de la economía keynesiana y la revolución tecnológica. Esa derrota de un capitalismo que produjo el Estado de bienestar y fomentó en los gobiernos una política de empleo, salud y educación, ocurrió en el unilateral rechazo norteamericano al acuerdo económico internacional celebrado en Bretton Woods el 22 de julio de 1944, el cual estableció un sistema de tipos de cambio más o menos fijos entre las monedas mundiales y controles a la movilidad de capital internacional. Su perspectiva, señala Berman, “se fundamentaba en la protección y el bienestar humano; daba primacía al pleno empleo y a los programas de bienestar social sobre la liberalización de la moneda y del comercio”. Su autor principal, John Maynard Keynes, había publicado en 1936 su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, una alternativa no revolucionaria al marxismo que determinó la economía mundial de la posguerra y produjo, hasta 1971, cuando Richard Nixon lo abrogó unilateralmente, “un extraño momento de cordura en el que la protección social prevaleció sobre la lógica de mercado”, como escribe Berman. El historiador económico David Felix afirma que “ningún periodo de longitud comparable, pasado ni presente, se acerca a la elevada producción y a las tasas de crecimiento de la productividad, a los bajos niveles de desempleo sostenidos y a la equidad en la distribución de la era de Bretton Woods”. Desde 1947, sin embargo, había surgido un proyecto destinado a la restauración del capitalismo financiero, del liberalismo extremo del laissez-faire sin regulación de ningún tipo, predominante en el siglo XIX y conducente a la Depresión de 1929. Estaba ideológicamente fundado en una escuela de pensamiento económico que consideraba cualquier tipo de intervención estatal o planificación económica como pasos directos hacia el totalitarismo político. Su manifiesto “extraño y maniqueo”, fundamentalista hasta un extremo neo-religioso, se llamaba Caminos de servidumbre y había aparecido el mismo año que se firmó Bretton Woods. El autor era Friedrich von Hayek, economista austriaco. Berman consigna que Keynes alguna vez se refirió a la teoría de Hayek como “uno de los embrollos más escalofriantes que he leído”. Margaret Tatcher, en cambio, declaró sin ningún escalofrío que el libro de Hayek era su Biblia. Fernando Solana Olivares.

1 Comments:

Blogger De la Peña Ez. said...

Existira algun modelo economico adecuado para 7000 millones de gentes con diferentes culturas, religion, clima, educacion, alimentacion, ambicion...etc.? La realidad es que tanto enriquecimiento de poder sea cual sea, de forma contraproducente solo nos esta dejando pobreza e inhumana. En que quedo el sorteo fraudulento del sorteo melate de la loteria el pasado 01 de julio? Y los 50000 millones de dolares que fraudulentaron la bolsa de valores en USA en el 2008? Que justifico la caida de las torres gemelas en el documental lost change y la guerra posterior? Etc, etc, etc. Es decir...BAJO QUE VALORES SE BUSCA LA PROSPERIDAD? Las consecuencias nos muestran que esa pregunta es totalmente ignorada en todo nivel y regimen. Sera? No se como poner acentos en este aparato.

2:12 AM  

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