Friday, September 06, 2019

ENUNCIADOS POR LA TARDE

Obsolescencia. Todo regreso indica una circularidad. Los abundantes libros de estos días equivalen a un festín cuya diversidad sacia antes de que sean probados los platillos. Su duración está impuesta por la obsolescencia del objeto. Una biografía de Lottman sobre Flaubert del año 2000 no existe más, pero sí la última novedad de un escritor lanzado por la industria editorial y calificado como magistral, renovador, extraordinario; como un nuevo Kafka, pues. Habrá quienes se dispongan a creerlo. Pero nosotros, los escépticos, pasamos de largo ante tan insensata afirmación. Esquilo. Su definición es lapidaria: la amistad, esa sombra de una sombra. Nos conocemos tanto que nos ignoramos. Sólo quedan los viejos hábitos de la memoria, las composiciones inalterables sobre el otro: él es así. Las armaduras de carácter de la gente están escondidas detrás de ella. Como siempre hay subtexto en todo, o sea, empleemos los recursos de la interpretación. Las cosas que se dicen tienen dos partes: yo digo, yo digo que digo. Entonces, él dice: ese es un primer movimiento. Pero eso sobre todo significa que él dice que dice. Ahí está el auténtico enunciado. Lo que se afirma de verdad. Aeropuerto. Las grandes e iguales superficies de estos días disuelven la identidad unificándola. Son espacios indiferentes donde se suspende el tiempo de afuera para quien lo habita. Su colmena siempre en tránsito y desarraigada es multirracial. Rebulle. Pero en sus salas de espera todos, salvo dos o tres excepciones, se concentran con devoción religiosa en la pequeña pantalla de su teléfono inteligente, una denominación a propósito. Ante la vastedad de lo externo, ante su impersonalidad, la conciencia se encierra en un pequeño mundo virtual. Y aún en vuelo los efímeros pasajeros estarán uncidos al rectángulo adictivo, embrujador, que exige inmediata, impostergable atención. Contrarios. Uno de los pasajeros que aguarda en una sala se abstrae leyendo un libro sobre Simone Weil, la pasmosa Virgen Roja, y llega tarde a su vuelo. No señor, ya se fue. Pero como si hubiera una magia favorecedora le expiden otro boleto para el siguiente. En él se encuentra con Vicente Fox, cara de extraviado y arrastrando tontamente los pies, y Martha Sahagún, doriangreyesca y ruinosa aunque se crea pizpireta. ¿Cómo fue posible que esa pareja gobernara al país? Para ver estas dos apariciones del esperpento de la política nacional es que el hombre pierde el primer avión. Paradoja. Ninguno de los ausentes visuales, los devotos de la ventanita, llegó tarde al vuelo. Desde su omnipresente aparato se enteran cuándo va a salir. Viven en un tiempo que no está donde ellos están físicamente. El mundo ha cambiado mucho. Hace años un novelista preguntaba si éramos tan tontos antes de que se inventara la televisión. Ahora otro se pregunta si éramos tan malos, tan difamantes antes de que se inventaran las redes sociales con su impunidad. Anticipaciones. Un texto de Schopenhauer escrito a mitad del siglo diecinueve fustiga a los críticos anónimos ---“un sujeto que no quiere rendir cuentas sobre lo que dice”--- en aquel fragmento premonitorio: “Cuando se trata de atacar, Don Anónimo personifica a Don Canalla”. Lo que no pudo anticipar el filósofo fue el alcance y la magnitud que ello tendría. “¡Bribón, danos tu nombre”, era el ingenuo antídoto que propuso entonces. No pudo medir ---nadie podría--- la gran tribulación de los tiempos siguientes, envueltos como si fueran maravillas. Reconocimientos. Simone Weil, la Virgen Roja capaz de hacer perder vuelos, escribe que uno debe contemplar la necesidad amándola: “Debe amarse tiernamente la dureza de esa necesidad que se asemeja a las dos caras de una moneda: la que está vuelta hacia nosotros es la denominación y la que está vuelta hacia Dios, la obediencia”. No podemos salirnos de un mundo gobernado por la necesidad, creía esta mujer poliédrica, de origen culto, filósofa y mística, miembro de la resistencia, cristiana conversa desde el judaísmo por sí misma, considerada loca por De Gaulle, obrera, marxista en parte y muerta muy joven. Afirma que solamente podemos elegir cómo reaccionar ante ella. Su profunda y extravagante fe cristiana sería su instrumento para lograrlo. También conocía el budismo y los Vedas. Orígenes. Tenemos que amar la necesidad, porque del mismo modo que las matemáticas son una creación de Dios, también lo es la necesidad. La elección entonces es someterse a la necesidad o enfrentarse infructuosamente a ella. “La belleza del mundo aparece cuando reconocemos que la sustancia del universo es la necesidad y que la sustancia de la necesidad es la obediencia a un Amor perfectamente sabio”. ¿Se comprenden, son formulables estas palabras? ¿Quién las andará diciendo hoy? Conclusiones. La menuda y nerviosa Virgen Roja observó que el futuro está hecho de la misma sustancia del presente. De ser así ya todo está aquí pero aún no todo aparece. Los sabios le llaman a esta operación doble mirada. De ahí Pound afirmó que los artistas son las antenas de la raza. Es un arte amargo mirar más adelante, ver lo que viene después. No siempre puede soportarse. Pykros llama la alquimia a dicho atrevimiento. Y la gente se abisma en su rectángulo enajenador. Fernando Solana Olivares

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